ENTREVISTA A STEFANO GRONDONA. Febrero 2016.
“Volver a la guitarra de Torres es la recuperación de la parte más sincera de la guitarra”

 

Periodista: Helena Vicente Sevilla

Stefano Grondona (Génova, 1958) es titular de la cátedra en el Conservatorio de Vicenza y ha dado clases magistrales en las instituciones más prestigiosas, ha realizado giras internacionales alrededor de todo el mundo y es ganador de los más prestigiosos concursos internacionales. En 1985 Andrés Segovia dijo en una entrevista que era uno de sus cuatro alumnos favoritos. Sus grabaciones son un punto de referencia ineludible para el público y la crítica y ha recibido por ellas numerosos premios. Además, por su actividad de investigación y difusión de la cultura y la música catalana recibió en 2005 el premio IPECCP (Institut de Projecció Exterior de la Cultura Catalana). Y en 2011 recibió la Cruz de San Jordi, máxima distinción al mérito cultural de Cataluña. Con su hablar pausado y su acento italiano nos ofrece una entrevista en un rincón de excepción de Alicante: el bar del Teatro Principal, entre espejos, dorados y madera de roble.

¿Cómo está siendo la experiencia de dar clase en el Master de Guitarra Clásica de Alicante?

Es una experiencia bastante particular el compartir la enseñanza con otros importantes colegas, aunque yo cuando doy clases las enfoco desde mi punto de vista, pienso en mi relación con los estudiantes, con los guitarristas que hay…con una perspectiva muy personal de cualquier tema. Sería bonito y curioso conocer el resultado, pero ya no estaré aquí. Sería interesante hablar con los estudiantes después de esta experiencia.

¿Qué resaltaría de esta iniciativa en que los alumnos conviven y además reciben seminarios de guitarristas de primer nivel?

La idea de compartir una convivencia de seis meses quizás ayude a cambiar un poco el asunto del dónde y cómo se vive para tener una experiencia más amplia de la simple vivencia musical. Entonces te cambia no sólo lo que haces con la música sino también lo que haces en lo cotidiano.

¿Qué le parece que el Máster de Guitarra Clásica tenga lugar en Alicante?

Personalmente me hace mucha ilusión que esta iniciativa tenga lugar en Alicante porque ya era un centro histórico de la guitarra cuando yo era estudiante, del cual se hablaba mucho porque había un profesor muy importante que era José Tomás, a quien tuve la suerte de conocer. Y, además, en Alcoi, bastante cerca de aquí, estaba José Luis González, a quien también conocí y tuve el privilegio de tener como amigo. Entonces es como descubrir una tradición en la cual yo había pasado tan sólo unos días en Alicante y en Alcoi y la idea de pasar ahora una semana trabajando con la perspectiva que te da una edad distinta me entusiasma.

¿Cuál es su aportación teórico-práctica al Máster de Guitarra Clásica? ¿En qué consisten sus clases?

Oficialmente hay un tema fundamental que me fue asignado que es la música no española del siglo XX. Claro que todo lo que hacemos no se reduce a eso. A través de la experiencia de este tipo de música los estudiantes tocan obras de esta época pero nos enfocamos hacia temas más existenciales, la relación entre la personalidad del músico y hacer música, que es más trascendente que el hecho de que una obra sea de una época u otra. Es un contacto con el mundo afectivo a través del sonido, algo que va más allá de lo que significaría simplemente tocar una obra de 1955, por ejemplo.

Entonces, trabaja usted mucho con las emociones, en el sentido de cómo afecta a la interpretación, ¿no?

Es ir buscando la manera de saber relacionar la propia sensibilidad a un hecho musical, que es algo en parte dependiente de la propia personalidad del músico, pero por otro lado se trata de un mensaje reducido a un código que un compositor ha dejado y que tiene que ser convertido en algo vivo, nuevo, posiblemente revelador. Por lo tanto, el músico no se tiene que limitar a actuar y a hacerlo bien, sino a descubrir su propia sensibilidad a través del proceso creativo que tiene lugar en cada actuación.

¿Qué cree que hay que tener para ser un buen músico: talento, constancia, ganas… una combinación de todo?

Hoy sobre todo los ingredientes principales son un accesorio. Se necesita fundamentalmente sinceridad, yo creo y es algo que es propio de la persona consigo mismo. Ocurre cuando uno se dice las cosas y busca una verdad más profunda de cómo las cosas aparezcan, no se queda contento de pararse a contemplar su propio ego. Este es uno de los ingredientes que hace más humilde a la persona aunque sea orgullosa, fuerte y pueda tener ganas de hacer las cosas. Pero se necesita también una proyección que vaya más allá de la seguridad que uno tiene. Partir cada vez desde cero, este es uno de los ingredientes para ser buen músico.

Su actividad combina investigación, clases, edición de música y giras de conciertos. ¿Le resulta fácil encontrar el equilibrio?

Encontrar el equilibrio de las variadas facetas de mi actividad: la búsqueda, el concertismo, el estudio, grabar y editar mis grabaciones, que es un campo en el que me muevo mucho y me entusiasma; no es fácil. Aunque todo pertenece a la misma explicación hay actitudes que van contra otras. Una práctica como la edición de los discos fragmenta mucho la totalidad de la visión porque trabaja en lo ya hecho, mientras que desarrollar un estudio con el que llegar a la unidad de una actuación va en contra. Luego está la enseñanza, aunque esta tiene un factor comunicativo que me ayuda a ver que sé expresar algo que viene de dentro. Pero claro, hay contrastes y contradicciones que se enfrentan.

¿Cómo surgió su interés en estudiar la música y cultura catalanas?

Parece algo muy especializado, pero en verdad yo estaba buscando unas raíces fundamentales de mi propia inspiración de ser guitarrista, que venía de un asunto fundamentalmente segoviano. Cuando era muy joven yo estaba muy enamorado de la guitarra a través del sonido de Andrés Segovia e iba siguiendo algo de este gran maestro que no quería nunca superar o reducir (como se hace generalmente con el ejemplo mayor). Yo siempre quería saber más de él y sobre todo cuando me puse a bucear en sus raíces, que vivían de mitología porque él siempre decía que era discípulo de sí mismo y maestro de sí mismo a la vez. Yo esto no me lo creía del todo, quería sumergirme en todo ello. Y esto me ha llevado a lo que pasaba antes de que Segovia empezase su carrera, a cuando muy joven, en 1915 fue a Barcelona, conociendo a artistas como Miguel Llobet. Por otro lado, es también la organología del instrumento, ya que yo no estaba completamente satisfecho de mi experiencia con las guitarras que tocaba. Por ello me puse a buscar en un origen más ancestral de su construcción, descubriendo guitarras como la de Antonio de Torres que se tocaban antes y se consideraban superadas. Yo no creía en esta idea sin sacralidad de que estuviesen superadas que se tenía en el mundo de la guitarra. Por lo tanto, pensaba que muchas cosas tenían que estar ahí. Y sobre todo en el caso de las guitarras realizadas por este andaluz que era Antonio de Torres, que eran tocadas, aceptadas y recibidas en un mundo muy clásico de la guitarra que tenía su cuna en la Barcelona del Modernismo. Entonces se unió todo: estaba buscando el origen de Segovia, sobre Miguel Llobet (si Segovia fue mi maestro inspiracional, Llobet lo fue de una forma ancestral, el maestro que he buscado sin conocer) y entonces me encontré en Cataluña, con muchos aspectos más allá de la guitarra misma. Por ejemplo, la importación de la música europea que había en Barcelona en aquella época, de Francia. En Barcelona se escribían músicas españolas con mirada francesa. Todo ello fue un material que me interesó mucho y en el que sigo trabajando.

Y por ello, por lo que comentaba de las guitarras, ¿es por lo que elige para tocar guitarras antiguas?

Sí, pero antiguas que tienen una energía específica para expresar la música de hoy. Tienen lo mismo que decíamos antes que tiene que tener un músico: una sinceridad. Generalmente el proceso se realiza fragmentando parámetros y destacando otros, perdiendo el fundamental origen de algo. Pero mientras, en la más culta cultura de los violines existe el Stradivarius y el Guarneri y no se cambia la manera de construir el instrumento, sino que todavía se intenta descubrir los secretos de estos grandes. En cambio en la guitarra la historia se ha fragmentado mucho porque cada generación quería dar con la manera de cambiar el instrumento, de creer superar el pasado. Y esta recuperación de la guitarra de Torres y de las de otros luthiers es para mi la recuperación de la parte más sincera de la guitarra. Siempre con instrumentos en la época de finales del siglo XIX y principios del XX, hasta 1930. Después hay buenos constructores también, pero estas son las guitarras que más me interesan.

Su investigación sobre la cultura y música catalana y luego todo su trabajo en general ha recibido varios premios. ¿Qué ha sentido al recibirlos?

Recibir premios hace siempre mucha ilusión, pero con los que me otorgó Cataluña tuve una reacción vital de gratitud hacia personas que siento muy cercanas pero al mismo tiempo lejanas, porque yo vengo de Italia. Sin embargo, me siento muy integrado probablemente por una mirada trascendente que me da la perspectiva de vivir en mi país o de acercarme a las cosas con una mirada más focalizada. Por lo tanto, recibir la Creu de Sant Jordi ha sido un gran honor, un reconocimiento que siempre agradeceré a Cataluña.

CV

Dedicación absoluta y poco habitual a la música: esta frase define el arte de Stefano Grondona desde sus inicios. Nace en Génova en 1958, ganador de los más prestigiosos concursos internacionales (Parma, Alessandria, Gargnano, Andrés Segovia, México, Leed’s Castle, Monaco di Baviera). Andrés Segovia en una entrevista en 1985 le menciona como uno de sus cuatro alumnos favoritos. En 2014 celebró sus 40 años de carrera artística. Sus grabaciones son un punto de referencia ineludible para el público y la crítica: La Guitarra de Torres, Lo Cant dels Aucells, Grondona plays Bach , etc , han recibido numerosos premios como Chitarra d’oro al mejor cd del año, el Editor’s Choice de la revista Gramophone, cinco estrellas en las revistas Musica, Amadeus e Classic Voice.

Es titular de la cátedra en el Conservatorio de Vicenza. Ha dado clases magistrales en las instituciones más prestigiosas, destaca su compromiso en Ponte in Valtellina y Riva del Garda. Ha contribuido a la formación de una nueva generación de guitarristas. Sus giras internacionales por todo el mundo entre las que destacan sus 10 giras en Japón. Por su especial relación con instrumentos antiguos, Grondona ha sido invitado a dar recitales con la guitarra Torres en Barcelona, 2001, 2003, 2005, 2009, 2012, 2013; Ibaraki, 2000, 2001, 2005, 2012; Almería 2006, Córdoba 2007; Robert Bouchet (Tokyo 1998) e David Rubio (Cambridge 2001, 2004). Ha publicado el libro La chitarra di liuteria-mastepieces of guitarmaking, junto a Luca Waldner y Massimo Mandelli, reconocido a nivel mundial como un texto sagrado de la luthería de la guitarra y de su historia.

Por su actividad de investigación y difusión de la cultura y la música catalana recibió en 2005 el premio IPECCP (Institut de Projecció Exterior de la Cultura Catalana). En 2011 recibe la Cruz de San Jordi, máxima distinción al mérito cultural de Cataluña.
En 2012 es nombrado Cavaliere dell’Ordine del Merito della Repubblica Italiana.
En 2013 recibe el Premio Giuseppe Piazzi per l’Arte de Ponte in Valtellina.
En 2015 recibe el honor de ser nombrado Commendatore dell’Ordine del Merito della Repubblica Italiana.