ENTREVISTA A PAUL GALBRAITH. Junio 2015
“Cambié mi posición para tocar con el fin de poder expresarme más libremente”

 

Periodista: Helena Vicente Sevilla

 Internacionalmente reconocido como un innovador en la guitarra clásica, su particular manera de tocar en la posición de un chelista ha supuesto la ruptura de ciertos límites. Un hecho que unido a su Brahms Guitar de ocho cuerdas le posibilitan un acercamiento a las transcripciones más libre y expresivo. De aquella idea de que sus cuerdas volasen por el espacio musical como si fuesen pájaros hasta hoy, su recorrido le lleva a dar clases en el Máster de Guitarra Clásica de Alicante.

Es la primera vez que visitas Alicante. ¿Te gusta? ¿Cómo te sientes aquí?

Me está encantando esta ciudad. Es bonita. Podría vivir aquí fácilmente.

Has sido profesor en la Universidad de Columbia, en Georgia. Como profesor y guitarrista, ¿qué destacarías de este Máster de Guitarra Clásica en Alicante?

Estuve enseñando durante un semestre el año pasado en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, en una experiencia open class. Normalmente no doy clases regulares, así que es algo inusual para mí. Y de nuevo me encuentro aquí dando masterclasses, algo que encuentro muy interesante y estimulante. Además, tengo un grupo de estudiantes muy interesante, muy internacional y están muy atentos a todo. Tienen mucho interés en aprender. Así que se dan las condiciones ideales para enseñar. Es muy satisfactorio.

¿Sobre qué enseñas en el máster?

Enseño sobre aquello en lo que puedo contribuir de forma apasionada. Intento evitar lo que pueden ser consejos típicos sobre digitación y cosas que pueden aprender ellos mismos. La idea principal de mi curso es la música de Bach en la guitarra. Observar todos juntos la música de Bach supone seguir descubriendo cosas entre todos, lo cual es muy interesante. No soy yo el que necesariamente tiene ese conocimiento y ellos no. Todos tenemos una idea instintiva de lo que puede ser la música. Es algo que nos pertenece desde hace milenios. Y, además, particularmente para mí la época de Bach es un periodo fascinante que descubrir.

Usted toca la guitarra como si fuera un chelo, ¿cómo empezó este experimento? ¿Es más práctica esta posición?

La verdadera respuesta es sí y no. Esta posición es como normalmente toca un chelista. La inspiración inicial para tocar de esta inusual manera vino porque quería usar los dos brazos alrededor del instrumento libremente. Normalmente dejas descansando un brazo sobre el instrumento y quería encontrar una forma de ser libre. No era tanto por una cuestión de practicidad, sino de expresividad. Quería usar el movimiento para expresarme. El movimiento y el sonido están muy interrelacionados en la música. La forma en que te mueves puede afectar al sonido y la dirección de la nota. Sólo con esta actitud del movimiento se puede cambiar el sonido de una orquesta. El movimiento es muy importante. Me di cuenta de que tener esta libertad en el brazo podría ser un elemento liberador en la búsqueda de esta relación entre el movimiento y el sonido. Cuanto más practicas se hace más confortable. Tengo la habilidad de tener una gran elasticidad y alcance con la mano izquierda cuando está tan en vertical. Algo que normalmente no se tiene, por lo que puede ser una mejor posición para conseguir ese resultado. La mano izquierda está muy cómoda. Y por otro lado, con esta posición descubro continuamente nuevos movimientos con efecto en el sonido. Y es algo que me parece muy interesante. Y también he logrado cierto confort tocando de esta manera.

¿Cuándo empezaste a desarrollar este método?

Fue cuando estaba estudiando. Estaba siguiendo un curso maravilloso en el que George Hadjinikos, un pianista y director de orquesta griego era el profesor. Un músico fantástico. Él enseñaba todos los instrumentos: chelo, piano… Yo encontraba fascinante todo lo que decía. Fue ahí donde hablamos mucho sobre movimiento y sonido. Vimos también algo de dirección de orquesta con él. Pero para que la guitarra tuviese estas ventajas no podía seguir con la posición con el brazo por detrás de la guitarra porque las cuerdas no tenían más movimiento. Era como si mis cuerdas estuviesen cogidas y quería que volasen en el espacio de la música, como si fuesen un pájaro. Estuve investigando y pensando sobre ello y espontáneamente un día caí en esta posición y fui desarrollándola hasta la posición de tocar el chelo. Inicialmente no era así, pero con el paso de los años se convirtió en eso.

Otro de tus distintivos es tocar una guitarra de ocho cuerdas, llamada Brahms Guitar. ¿Qué ha supuesto para ti y en general para la música este tipo de instrumento?

Añadir más cuerdas a la guitarra es una idea antigua. Las guitarras más antiguas tienen de hecho más cuerdas, las del siglo XIX particularmente. Hay algo inusual en esta en particular. No es el hecho de añadir una cuerda más grave -lo cual es bastante normal-  sino más bien el hecho de añadir una cuerda más alta -algo que es inusual-. Así que estos dos elementos son, particularmente en la guitarra clásica, una novedad. Esto expande el rango porque es como tener un pequeño teclado de piano disponible en cualquier posición. Te permite un gran rango sin tener que subir y bajar continuamente por el diapasón, lo que es muy importante. Además te posibilita tocar no sólo el repertorio clásico de laúd de forma más completa y fácil, sino también las transcripciones de la música de Bach. Claro que también pasa con mis propias transcripciones. Disfruto mucho haciendo transcripciones del repertorio clásico, Haydn y Mozart particularmente. Y este instrumento es una buena ayuda para tocar esta música de forma más idiomática. Esto ocurría también con una pieza de Brahms que estaba tocando en el momento en el que David Rubio (que fue quien diseñó esta guitarra) estaba trabajando en ella y por ello la llamó Brahms Guitar.

¿Ha sido difícil romper todos estos límites?

En algunos sentidos he roto algunos límites cambiando la forma tradicional de acercarte al instrumento en diferentes direcciones. A veces ha sido un reto. En algunos momentos te sientes solo porque nadie más toca como lo haces tú y piensas en el instrumento de otra manera. Por otro lado, nunca ha sido una fuente de conflicto a la hora de dar clase. No impongo esta posición a nadie ni digo “esta es la manera en la que deberías tocar”. Ya tengo suficiente dificultad tocando yo de esta forma como para imponer esta dificultad a otras personas. A veces hay alumnos que quieren probar y les ayudo, pero en realidad no pasa demasiado a menudo. Normalmente cuando doy una clase la gente toca de la forma tradicional y realmente de lo que hablamos es de música. No importa tanto cómo tocas el instrumento, tienes que tener en el pensamiento tan sólo el tocar música. Hoy en día, después de estar mucho tiempo tocando de esta manera, hay unas pocas personas que tocan como yo y han llegado a las mismas conclusiones. Y cada vez hay más músicos que lo hacen, así que ya no estoy tan solo como antes.

Viviste en Brasil durante bastante tiempo, ¿Cómo ha influido ese entorno en tu carrera profesional?

Estuve viviendo en Brasil durante bastante tiempo, quince años. Amo ese país. La primera vez que lo visité fue cuando estaba estudiando. Allí conocí también a la que sería mi futura mujer. Y me preguntaba cómo sería vivir en Brasil. Me pareció una idea muy emocionante. Cuando lo hice fue increíblemente estimulante. La energía de la gente se dejaba ver en su música. Se puede ver el carácter de los países a través de su música, pero con Brasil esto es algo muy fuerte. En ella puedes ver la felicidad del carácter brasileño. Fue maravilloso estar allí. Es un país y una gente que amo mucho. Aprendí a amar su música y particularmente las tradiciones de la guitarra, en las que son muy ricos. Tienen un maravilloso legado del más alto nivel y poder tener contacto con ello fue muy estimulante.

CV

Su grabación de las sonatas y partitas para violin de Bach (Delos) fue nominada a un GRAMMY en la categoría de mejor solista instrumental, elegido como uno de los dos mejores discos de 1998 por la revista Gramophone, que calificó como «un hito en la historia de las grabaciones de guitarra». Recibió una calificación 4* en Stereo Review y llegó al Top 10 de la lista de música clásica Billboard.

En el Festival de Edimburgo en 1989 presenta su nueva forma de colocar el instrumento. Su guitarra se apoya en una pica de metal, similar a la de un violonchelo, que descansa sobre una caja de resonancia de madera, tiene dos cuerdas extras, una alta y una baja. Es considerado un pionero en el desarrollo de la historia de la guitarra tanto por el extraordinario diseño del instrumento como por su estilo de interpretación.

Galbraith hizo su debut en Nueva York en la Frick Colection, recibiendo una crítica muy favorable en el New York Times; a raiz de este debut participó en la serie «Great Performances» del Lincoln Center. Sus recientes y próximos recitales en América del Norte incluyen Nueva York, Boston, Washington DC, Los Angeles, San Diego, Atlanta, St. Louis, Cincinnati, Cleveland, Portland, Seattle, Miami, Baltimore, Buffalo, Milwaukee, San Antonio, San Juan y Cuernavaca; recitales en Ginebra, Basilea, Moscú y giras por Europa. Ha actuado en numerosos festivales “Bach”, entre ellos: Los Ángeles, Filadelfia, Denver y Carmel.

Con 17 años ganó la medalla de plata en el Concurso Internacional de Guitarra Segovia. Andrés Segovia, que estaba presente, calificó su interpretación de «magnífica». Este premio ayudó a lanzar su carrera internacional que incluye compromisos con algunas de las mejores orquestas de Europa.

Nacido en Escocia y residente en Suiza, ha vivido en Malawi, Grecia, Londres y Brasil. Profesor invitado en la Schwob School of Music de la Columbus State University en Georgia.

Interpreta un concierto en Alicante por primera vez en el año 2015.