ENTREVISTA A JOSÉ LUIS ROMANILLOS. Febrero 2013
“Toda obra debe llevar impreso el valor del ser humano que la construye”

Periodista: Alicia García Núñez

El artesano e investigador –violero, tal y como prefiere que llamen a los de su oficio, o constructor de guitarras- José Luis Romanillos hace su aparición en restaurante del parque de la Ereta de Alicante, donde le hemos citado, junto a Marian Harris, su esposa, con quien comparte su vida desde que se marchó a Inglaterra a buscar una oportunidad laboral. Tenía entonces 24 años.
Ahora cuenta con 81, su andar es pausado, de maestro que ya no tiene prisa porque lleva entre sus manos su mejor trabajo, su última creación –la mejor guitarra que ha hecho en toda su vida junto a Marian, nos apunta-, codo con codo como regalo de aniversario. la “Medio Siglo” es su nombre-, no se aleja en ningún momento de ella. Lleva el resumen de su vida entera entre sus manos.

Todas las guitarras Romanillos –según el Daily Mail, al que puede considerarse “el Stradivari de la guitarra”- tienen nombres propios. Creó su primera guitarra en Inglaterra, con la mesa de cocina como banco, y en realidad fue una casualidad: se decidió a aprender a tocar flamenco y no tenía dinero para comprar el instrumento. Tras seis meses de trabajo tendría entre sus manos la primera Romanillos de la historia. Bendita causalidad.

Era entonces cuando se preguntaba asombrado: “¿Cómo cuatro trozos de madera pueden producir sonido?” Se lo ha estado respondiendo toda la vida. Ésa y muchas otras preguntas son las que sigue formulándose infatigable; eso sí, ya se ha contestado muchas. Su estímulo es el del aprendizaje continuo. Y la emoción, sin emoción no existiría esa búsqueda constante, tal genialidad.

Entrevistadora- Hizo usted el mismo camino que muchos jóvenes de ahora, José Luis, empezó yéndose al extranjero a trabajar, ¿cómo se decidió a dar ese salto geográfico?

José Luis Romanillos- Tenía un amigo que trabajaba en un hospital en Inglaterra y quería saber cómo funcionaba el exterior. De Inglés no sabía más que el número de partidos de fútbol y el nombre de algún político de izquierdas. Me hicieron un contrato y me fui con 500 pesetas y mucha juventud. En uno de los hospitales tuve la suerte de tropezarme con mi esposa Marian y a los tres años nos casamos, pero siempre quise volver a España, y así lo hice años después.

Es allí donde construye su primera guitarra porque quería aprender flamenco, pero lo descarta y decide venderla. ¿Qué historia tiene esa primera guitarra?

Me costó seis meses construirla, y una vez realizada quise venderla en una de esas tiendas donde se venden todo tipo de artículos, el precio que le puse fue de 15 libras (elevado para la época). Un profesor de una academia de guitarra española me dio algunas claves sobre la madera que debía emplear, y el que la compró. Y no fueron 15 libras, me dio 18. En la cocina de aquella casa de dos habitaciones, desde que comencé en 1961 hasta que nos volvimos a España en el 64, crearía un total de 12 guitarras, y las vendí todas.

Y ¿qué es lo que cree usted que distingue a una guitarra Romanillos?

Yo siempre digo que toda obra debe llevar impreso el valor del ser humano que la construye, eso lo defino como entusiasmo. Con eso ya tienes la partida casi ganada. Cuando investigo, cuando rompo las normas en algún momento, voy buscando la guitarra perfecta, descubrir su historia. Cada mañana, cuando me levanto, sé lo que quiero hacer. Y eso me hace cada día más joven.

No se ha despegado en ningún momento de la guitarra que ha traído consigo. Cuéntenos un poco de su historia.

Pues se trata de una guitarra que he construido junto a mi mujer Marian, por nuestro cincuenta aniversario la obligué a trabajar duro en ello –dice con una sonrisa-, la hemos construido juntos. Nos ha llevado muchísimo trabajo. Creo que es donde se resume todo lo que he aprendido en estos años, el mejor trabajo de todos. Su nombre es “Medio siglo”.
La he traído para enseñársela a los alumnos del máster de guitarra.

Y a este instrumento se ha dedicado toda su vida. Sin embargo, echa en falta instituciones en España que muestren su historia, ¿no es así?

Así es, desde que la viola se creara en el siglo XV y más tarde se desarrollara como guitarra española ha pasado mucho tiempo, pero no existe en España una institución que muestre el trabajo de los violeros españoles a lo largo de la historia. Bueno, está el Museo de la Música en Barcelona y la colección que hemos cedido mi mujer y yo al municipio de Sigüenza (Centro de la Vihuela de Mano y la Guitarra Española “José Luis Romanillos”), pero vamos, no hay mucho más. Cuando doy charlas en países de todo el mundo no tengo una referencia que poder darle a quien me pregunta sobre dónde investigar y ver algo en España sobre la historia de la guitarra. Lo ensamblamos en España y lo hemos dejado al margen de la sociedad musical. Una vergüenza.

Es por ello por lo que su mujer y usted no sólo se han dedicado a su creación, sino también a la investigación y recopilación de información que han materializado en algún libro, ¿no?

Sí, por ejemplo en “Antonio de Torres, Guitarrero, su vida y obra”, o “The Vihuela de Mano and the Spanish Guitar” (libro con el que comparte la autoría con Marian, que es con quien he llevado a cabo siempre mis investigaciones), éste está publicado en inglés, todavía no se ha traducido al castellano. Con él han aprendido muchos guitarreros a crear instrumentos.

Y ya que estamos hablando de la investigación: no se trata sólo de artesanía, que es lo que se suele resaltar de esta labor.

No, no. Es un instrumento complejísimo, yo empecé a fabricarlo con esos consejos del profesor y con un librito muy pequeño que encontré en la biblioteca cuando comencé a documentarme. Quiero aprender de todo, y eso me lleva a romper las mismas normas, a trabajar con distintas maderas, las más adecuadas. La experiencia no se puede comprar, el trabajo empírico está en ir respondiendo a cosas que la ciencia, la acústica, no acaba de responder. El golpe final lo da el guitarrero con las maderas que tiene. El instrumento siempre tiene la última palabra, no la ciencia. Es algo emocional.

Háblenos del proceso de creación, hace un momento, por ejemplo, le veía fijarse detenidamente en la madera de este restaurante: ¿cómo elige las maderas, cuáles son las empleadas y de dónde las va obteniendo?

Yo sabía que Stradivarius se iba al monte con un mazo a darle golpes a los árboles para ver cómo se oía y sabía cuando una madera no le gustaba, así que compré unos troncos de Pino Abeto en Francia y cuando llegué allí me dio pena que tuvieran que cortarlos para realizar una guitarra, pero el leñador me calmó diciéndome que habían elegido la madera del árbol que ya estaba al final de su vida, sabían por su copa que había entrado ya en la vejez.
En Yugoslavia también he comprado dos veces, allí rajan los trozos para que salga el hilo de la madera, ésta es como una esponja. La madera tiene que tener la elasticidad adecuada, sostenida en la nota musical. Si la nota musical no es la adecuada la madera absorbe el sonido.
En cuanto a algunas de las maderas empleadas: pueden ser de arce, de ciprés, de nogal del Averno que es un arbusto muy bonito, de cedro de ébano (como el mango de la que tengo aquí, “la Medio Siglo”), por ejemplo.

Y todas sus guitarras tienen su nombre propio. Cuéntenos el criterio que sigue para ponerles nombre.

Pues mi primera guitarra tiene el nombre de mi madre, “Toribia”; a otra de ellas le puse el nombre de mi perro, Butch, que es la única palabra inglesa que aparece en mis guitarras; cuando querían quitar la Ñ del castellano pues… las denominaba con nombres que contenían esa letra, con el nombre de algún pueblo que me gustaba…

Cualquier cosa relacionada con lo más importante de su vida y su experiencia valía para denominarlas. Agradeciéndole su sabiduría, su forma de contarnos las cosas, les despedimos no sin antes hablar con Marian Harris de la vida que han llevado en común: ella nos habla de lo afortunada que se ha sentido siempre al lado de un hombre tan especial y de lo duros que han sido los procesos de investigación y recopilación de información sobre la guitarra, sobre lo que han disfrutado trabajando juntos.
Con un hombre que sabe distinguir el sonido de sus más de 300 creaciones, que se autodenomina “diletante” de todo y que es del aprendizaje continuo de donde extrae una sonrisa, un motivo, para ser feliz. Interesado en múltiples materias como la Historia, la Literatura y de entre ellas la poesía (sabemos que escribe también versos, ella le anima a publicarlos pero él discrepa), habla con la humildad del maestro que necesita otra vida para dominar como realmente quisiera su materia de investigación, aunque sus conocimientos sobre la misma sean extensísimos. Sea por intuición o por talento más que natural y trabajado, sus creaciones hablan por él. También los compradores de las mismas (un hombre mandó a un mensajero personalmente a Japón, no quiso que le hicieran el envío de aquella guitarra Romanillos por mensajería).
Han desarrollado su trabajo con pasión pese a todas las dificultades, no han sido pocas. Eso es lo que los mueve día a día. Saben transmitirlo perfectamente, los resultados suenan mejor que bien, son música que otros hacen sonar por ellos.