ENTREVISTA A FABIO ZANON. Marzo 2014
“Creo en la cultura musical como una red y la transcripción colabora en esa idea”

Periodista: Helena Vicente Sevilla

Fabio Zanon, profesor invitado en la Royal Academy of Music de Londres, compositor y director de orquesta, premio Francisco Tárrega y premio Santista, entre otros; entra en el Salón Azul del Ayuntamiento de Alicante, donde se va a celebrar la entrevista, con el estuche de su guitarra y se sienta en uno de los sillones antiguos. Allí, entre cuadros, cortinajes y dorados nos regala unos momentos de interpretación. En medio de este lugar la música parece casi como algo mágico de las manos del experto en transcripción guitarrística.

 

¿Cómo te iniciaste en la transcripción guitarrística?

Está relacionado con mi infancia. Empecé a estudiar guitarra con mi padre, que era amateur, pero tocaba bien. En mi ciudad, en Brasil, no había una tienda que vendiese partituras. Había alguna cosa, guitarras…Y yo escuchaba por la radio o en un disco una pieza de Händel o la sinfonía de Beethoven y quería ver la partitura. Entonces, una profesora que me enseñaba en la escuela pública traía la partitura para que yo pudiera verla. Después, llegaba a casa y tocaba todas las partes en la guitarra. Hoy en día la gente dice que la lectura en la guitarra es muy difícil, pero cuando yo tenía diez años nadie me lo dijo (ríe). Empecé a leer música de otros instrumentos. Muchas veces ponía la Sinfonía Pastoral de Beethoven en el tocadiscos y tocaba la parte de violín junto a la grabación. Mucha de la música que conozco con alguna profundidad no es de oírla en la radio, más bien de tocarla en la guitarra, por ejemplo, El clave bien temperado de Bach. Tocaba la parte de la mano derecha del piano y grababa una cinta de cassete. Después tocaba la parte de la mano izquierda junto con la grabación para saber cómo sonaba.

Yo creo que todo empezó ahí porque en algún punto me di cuenta de que lo que se escuchaba de la parte de clarinete no era lo que estaba escrito, eran otras notas. Entonces me di cuenta de que era un instrumento transpositor y aprendí a transponer leyendo en la guitarra por pura intuición, por pura necesidad. No tenía entonces todavía un profesor profesional de guitarra, sólo a mi padre, que era más práctico. Así que empecé a transcribir porque quería conocer más música. Fue curiosidad. Me gustaba saber cómo sonaban las otras sinfonías de Mozart o las otras canciones de Schubert…únicamente cogía la partitura e intentaba leerla sobre la guitarra. Eso me dió la práctica de lectura de partituras. Más tarde estudié para ser Director de Orquesta pero esa niñez fue importante por la curiosidad, por las ganas de conocer más música y reproducir tocando la emoción que yo sentía al escucharla. Cuando empecé a tocar la guitarra profesionalmente eso me dio facilidad, además, para hacer transcripciones porque si voy a interpretar una pieza, por ejemplo, de Isaac Albéniz puedo hacerlo de una forma más práctica, más inmediata.

 

¿Hay algunos autores que se prestan más a la transcripción guitarrística?

Yo pienso que uno de los impulsos más fuertes de hacer transcripciones es el de dotar a un instrumento de un repertorio que no tiene naturalmente. La guitarra moderna sólo tiene 150 años. Anteriormente a Francisco Tárregas o Jiménez Manjón, esos compositores de final del siglo XIX, todo son transcripciones al final. Si tocas música de vihuela o de laúd es más sencillo pero hay que transcribirla. La música de guitarra barroca, además, es muy distinta de la música de guitarra moderna, porque la afinación del instrumento es distinta. Creo que todo lo que sea tocar música clásica, del Barroco y del Renacimiento son transcripciones del instrumento antiguo al instrumento moderno. Claro que algunos autores funcionan mejor. Hay otro aspecto de la guitarra que es el cultural. Para compositores alemanes o franceses la guitarra siempre tiene un sabor a España, a música ibérica o latina, porque Italia también tiene una tradición guitarrística fuerte. Muchos compositores que se inspiraron en la sonoridad de la guitarra como Albéniz, Granados, Manuel de Falla, Malats… tienen ya un color guitarrístico en la música y, aunque muchas veces no puedes transcribir las notas exactas, puedes hacer una paráfrasis manteniendo el mismo género musical que se adecúa perfectamente a la guitarra. En algunas piezas de Albéniz parece que la música vuelve a su ambiente original y algunas de Domenico Scarlatti también suenan así. Pero hay otros compositores que suenan bien, son inesperadamente buenos, como las piezas más sencillas de Schumann, Grieg… Algunos compositores son más naturales a la hora de transcribir. Otros siempre son difíciles, como Bach. Aunque amamos su música, tocarla es muy incómodo. Lo hacemos porque es buena, pero siempre tiene algún esfuerzo.

 

¿Cuáles son las principales dificultades que se puede encontrar un músico a la hora de hacer una transcripción de este tipo?

Depende de la naturaleza del original. Si transcribimos una música desde el clavecino, desde el piano, para la guitarra el problema es el rango, la tesitura. El piano tiene 88 teclas, la guitarra tiene menos de 50 notas. No tenemos los extremos de la tesitura del instrumento así que hay que comprimir la música. Muchas cosas que tocas en el agudo del piano en la guitarra están más o menos en la mitad del instrumento, así que hay que trasponer también la geografía de la música. Pasa un poco menos con el clavecino pero aún tiene más notas que la guitarra, es más ancho. Lo mismo pasa con la música de cuerda, especialmente si es para cuarteto. Y al revés, si vas a transcribir una pieza del violonchelo para la guitarra el reto es otro: es que es un instrumento que tiene mucha sustentación porque la producción del sonido es constante. La guitarra tiene un sonido que lo tocas y está muriendo. Por ello, mantener la intensidad de la sonoridad de la pieza es un reto bastante interesante para el arte de la transcripción. También una música que está compuesta sólo para flauta no tiene armonía, sólo toca una nota después de otra y la guitarra no suena bien así. Muchas veces hay que llenar las armonías de una pieza barroca, por ejemplo. Así que hay que hacer una reconcepción de la pieza con distintos materiales, lo que requiere de la pericia del compositor. Aunque es entre un compositor y un intérprete porque estás recomponiendo la pieza para interpretarla. Creo que esos son los retos más importantes para quien transcribe, además de tener en cuenta el gesto musical, el aspecto público de la música cuando es tocada, no como está en el papel. A veces lo tocas como está en el papel y suena bien, pero cuando lo vas a tocar en concierto no, entonces hay que reconcebir la pieza en otros términos.

 

¿Cómo te iniciaste en el mundo de la enseñanza?

La verdad es que no conozco ningún guitarrista que no enseñe. Hay un chiste sobre eso: un niño va al conservatorio a su primera clase de guitarra y cuando vuelve a casa le dice a su padre muy excitado: “Oh, papá, ahora ya sé tocar dos acordes”. La siguiente semana: “Oh, papá, ahora ya sé tocar cuatro acordes”. La tercera semana: “Papá, qué maravilla, ya sé cómo tocar ocho acordes”. La cuarta semana el padre le dice: “Hijo, ¿Cómo fue la clase de guitarra?”. Y el niño le contesta: “Oh, papá, no tuve clase, es que tengo un montón de alumnos ahora” (ríe). Así que mucha gente empieza a enseñar muy temprano y es lo que me pasó a mí también. Cuando tenía 13 años me daba clase un profesor que era un apasionado de la guitarra y me fijaba en cómo enseñaba de distintas formas a los diferentes alumnos. Siempre decía, “si a este alumno le doy una pieza muy complicada de tocar va a perder las ganas, entonces mejor algo más sencillo pero que le dé alguna afectividad”. Y esto siempre se me quedó en la cabeza: hay que personalizar la enseñanza del instrumento a cada uno. Después de un tiempo recibiendo esas clases mi profesor tenía muchos alumnos y me pedía que le ayudase con los que menos nivel tenían. Y él siempre estaba detrás enseñándome el orden de la información que debía darles. Fue ahí donde empezó todo. En mi juventud impartí muchas clases y luego estuve diez años sin hacerlo. Hoy en día imparto enseñanza en este nivel bastante alto que encontramos aquí en Alicante.

 

Hablando de eso, ¿Qué destacarías del II Máster de Guitarra Clásica en Alicante?

Es un formato absolutamente sui géneris. Es una idea maravillosa. Es muy creativo y muy clásico al mismo tiempo hacer un máster, que es un curso académico, pero por un camino más práctico. Tener profesores de distintas especialidades, distintas formaciones que están entre los mayores concertistas de guitarra hoy que vienen y pasan un periodo corto trabajando con los alumnos. Este formato con seminarios de distintos asuntos y abordajes es absolutamente excepcional. No conozco otro formato así.

 

Antes has hablado de las distintas formas de enseñar según la persona, aquí, que tienes alumnos de distintas nacionalidades, ¿se pondrían en práctica esos conceptos?

Sí, porque por ejemplo los alumnos que provienen de Oriente, como los chinos o los japoneses, tienen una sociedad muy formal. La idea de jerarquía con los mayores, del profesor-alumno… es mucho más marcada que en Canadá, por ejemplo, donde casi todo es más informal. Las diferencias culturales son bastante pronunciadas. Y también, dentro del máster, hay alumnos que ya tienen bastante potencial para ser concertistas y otros que probablemente van a buscar otras vías profesionales como la enseñanza, la organización de eventos… Tocarán también, pero quizá no con el mismo brillo que otros. Todos tienen mucho amor por la música. Me molesta un poco la enseñanza que sólo tiene interés en los potenciales concertistas internacionales. Yo creo que hay que tener la idea de que la práctica de la música necesita distintas piezas que trabajan armoniosamente para crear una cultura musical. Profesores, organizadores de eventos culturales, administradores, gente que construye instrumentos, que organiza festivales, que trabaja en la parte más burocrática de eventos son también importantes. Cuánto mejor sea su formación, mejor para la música.

 

¿Qué te parece la ciudad de Alicante como lugar de realización del II Máster de Guitarra Clásica?

Me parece increíble porque es una ciudad de mucha tradición guitarrística, donde un importantísimo profesor trabajó durante muchos años, que fue José Tomás. Además de estar bastante cerca de Andrés Segovia, que tenía una influencia muy fuerte sobre todos los guitarristas jóvenes en los años 50, 60 y 70; José Tomás fue profesor de algunos de los mayores concertistas de hoy: Ignacio Rodes, David Russel…Yo creo que esta tradición continua de 50 años de enseñanza es algo para preservar. No como un museo, sino como un ser vivo. No podría ser una plaza más adecuada.

 

¿Qué crees que aporta al crecimiento profesional de un músico la transcripción instrumental?

Cultura musical, por encima de todo, conocer música que no es la de guitarra. Cuando alguien empieza a tocar la guitarra es porque vio a alguien tocar. Quieren tocar Granada, Recuerdo de la Alhambra, la Serenata Española de Malats, la Gavotte de Bach… Pero si sólo miras eso no es exactamente una cultura. La guitarra siempre está bajo el riesgo de un narcisismo que no es muy productivo. Así que la primera cosa importante de la transcripción es conocer el repertorio de la música en general. Porque no es sólo transcribir la música de Porcel, Haydn, Vivaldi, Chopin…es transcribir muchas veces de una música que escuchas en un disco, como uno de los alumnos está haciendo con la música popular brasileña con la que hay que usar el disco porque no hay partitura. Eso también ensancha la cultura musical. Estamos en un punto en el que creo que la tradición de la música clásica es como si fuera la olimpiada, en la que uno trae el fuego y lo pasa a otra persona. No es vertical, sino más horizontal. La tradición de América Latina, de América del Norte, oriental… Japón, por ejemplo, tiene una cultura musical muy fuerte y guitarrística también. Yo creo en la idea de la cultura musical como una red y que puede tener una línea central que para nosotros es la música clásica europea, pero es una red y la transcripción colabora en esta idea.

 

¿Cómo ha sido tu colaboración con el mundo del cine?

Fue una cosa puntual. Viví en Londres durante muchos años donde todavía enseño en la Real Academia de Música. Cuando vivía allí había una industria del cine muy fuerte y yo tenía algunos amigos que trabajaban en este sector y me pedían que les compusiera música para sus cortometrajes y trabajos. Esa fue mi primera experiencia con algunas pequeñas películas que tuvieron una repercusión muy local. Hace unos diez años un compositor argentino que es ganador de un Óscar, Luis Bacalov, que vive en Italia, estaba escribiendo la música para una película que trataba la biografía de George Sand, una escritora que fue la amante francesa de Chopin. Pensó que poner la música de piano de Chopin sería muy obvio, así que decidió escribir la música principal de la película para la guitarra. Pero quería una sonoridad especial, romántica. Fue a una tienda de discos, compró un montón y los fue escuchando hasta que encontró la sonoridad que quería para la película. Me encontró por internet y fui a Roma a grabar la banda sonora. Después hicimos algunas otras también, pero hoy en día estoy haciendo otras cosas. Este año voy a hacer un trabajo muy interesante con teatro de caja negra para niños, donde toda la escena es negra, también los actores que manipulan los muñecos van de negro y los personajes parecen flotar. Vamos a hacer un teatro de niños con una música de estilo árabe para la historia de Simbad. Cuando estaba estudiando hice algunas cosas similares, pero es la primera vez que lo hago con una compañía de teatro de forma profesional.

CV

Fabio Zanon es uno de los guitarristas más preeminentes de la actualidad. Como solista, integrante de formaciones de música de cámara, autor, director, profesor y divulgador, que ha buscado expandir la percepción de la guitarra en el escenario de conciertos.

Entre sus premios recientes cabe destacar una nominación al Grammy Latino a la grabación del Concierto para Guitarra de Francis Hime con la Orquesta Sinfónica de São Paulo y el Bravo! Premio  al mejor CD clásico de 2010 en Brasil.

Es profesor invitado en la Royal Academy of Music en Londres, ha realizado más de 40 trabajos  para guitarra y orquesta, y sus proyectos en música de cámara varían desde los más tradicionales hasta los más arriesgados.

Nació en Brasil en 1966, comenzó sus estudios musicales a temprana edad con su padre, y completó su educación en la Universidad de São Paulo y en la Royal Academy of Music de Londres, donde también estudió dirección de orquesta. Sus principales maestros fueron Antonio Guedes, Henrique Pinto, Edelton Gloeden y Michael Lewin, y también asistió a las clases magistrales Julian Bream en Londres.

Su carrera tuvo un gran impulso después de ganar el primer premio en dos grandes competiciones internacionales en el mismo año, 1996, el Concurso GFA (EE.UU.) y el Concurso Tárrega (España). Desde entonces, ha actuado en algunas de las salas más prestigiosas del mundo, entre ellas el Royal Festival Hall y el Wigmore Hall de Londres, Concertgebouw de Amsterdam, Les Invalides en París, Weill Hall del Carnegie Hall de Nueva York, la Filarmónica de San Petersburgo, KKL en Lucerna, Sala Tchaikovsky de Moscú, Teatro Municipal de Río de Janeiro, teatro Amazonas en Manaus y Sala Verdi de Milán.

Ofrece su primer concierto en Alicante en el año 2014.