ENTREVISTA A CARLES TREPAT. Junio 2013

«La guitarra es a veces como un caudal subterráneo. Ahí está. Ha hecho su trabajo durante toda la historia de la música occidental»

P:  Paloma Palazuelos

Carlet Trepat camina por la Explanada como si pulsara suaves notas contra el suelo rojo, blanco y azul. Un poquito más adelante, en una terraza del paseo del Puerto de Alicante, responde a nuestras preguntas con la misma delicadeza. Son las 12 de la mañana, mediados del mes de junio. Y parece que ahora sí, llega el verano.
Un artista que ha actuado en espacios tan representativos como el Conservatorio Chaikovsky de Moscú, el Teatro de La Maestranza de Sevilla o en el Queen Elisabeth Hall de Londres, nos desarma a la primera de cambio con su sencillez y humildad. Su aspecto bohemio, espiritual, recuerda a un personaje esbozado por El Greco. La inquietud con la que rebusca en el pasado de la guitarra, la alegría de un niño cavando un hoyo en la arena.

Por lo que nos cuenta mientras charlamos, poner un pie en Alicante debe ser para Carles algo parecido a pegarle un mordisco a la magdalena de Proust. Significa volver a ser aquel estudiante de 20 años, que aterrizó aquí a finales de los 70 para estudiar con José Tomás. Un “momento decisivo”, confiesa, porque significó su “apertura al mundo guitarrístico”, a través de la ciudad y la figura del maestro alicantino.
De aquella etapa recuerda -con sonrisa tímida y ojos que se achican ante el brillo del sol- cómo se juntaron aquí guitarristas de todo el mundo. Ése acento internacional que ponen ahora los alumnos del I Máster de Guitarra Clásica y que durante estos días disfruta, desde el otro lado. Asomados al mar con él, se abre el diálogo.

Entrevistadora. ¿Qué sensaciones le produce volver a pisar Alicante y palpar todo lo que está impulsando Ayuntamiento, Universidad y Diputación en torno a la guitarra?

Carles Trepat- La verdad es que es una alegría para mí. Siempre que llego aquí me traslado inmediatamente a mi época de estudiante y ver que ha sido posible un Máster como el que tenemos en esta ciudad ha sido un sueño hecho realidad. La guitarra necesitaba algo así.

Dentro de las actividades programadas, hoy ha dado comienzo el curso que imparte usted. ¿Qué le gustaría aportar a los alumnos ahora que encaran sus últimas clases?

Es verdad. Ya han pasado por aquí casi todos… Creo que el mío es el penúltimo. Yo he venido con dos guitarras: una de Romanillos, tan vinculado también a este Máster, y otra más antigua, de Antonio de Torres. Hice un recital el sábado en el Auditorio de Alicante que quiso ser como un repaso por la historia de la guitarra, desde los vihuelistas hasta nuestros días, y lo he querido hacer combinando esas dos guitarras.
Los jóvenes siempre quieren estar a la última –ríe-. Pero a veces es bueno reflexionar sobre lo que ha sucedido en el pasado. Lo he planteado en la charla que acabo de hacer ahora mismo. Para ellos espero que sea inspirador: ésa ansia que tengo yo de rebuscar en el pasado de la guitarra.

Recientemente lamentaba José Luis Romanillos que la guitarra, a pesar de estar considerada como uno de los mejores inventos realizados en España, sufre de abandono ¿Opina lo mismo?

Sí que hay algo de contradictorio en esto. La guitarra es un instrumento popular por excelencia. Al mismo tiempo, tiene ésa vertiente cultivada, culta, cómo se le quiera llamar, clásica. Esas palabras siempre son incómodas….clasifican demasiado –breve pausa-. En todo caso sí que es extraño que en este país, del que han salido tan buenos artistas de la guitarra, no haya sucedido algo como este Máster que tenemos hasta ahora mismo.
Hemos abusado de la guitarra por querer llevarla a auditorios demasiados amplios. A veces sin amplificación…no llega. A veces, llega. Se produce un milagro. Pero muchas veces no. E incluso se sabe que conciertos que daba Andrés Segovia en salas multitudinarias, para más de 2.000 personas, había gente que salía diciendo “no he acabado de escuchar bien”.
Eso se ha producido y quizá eso ha retraído un poco a la hora de programar guitarra porque no se ha llevado al espacio adecuado, a esa sala de cámara como la que tuve yo la suerte de tener el sábado pasado aquí en Alicante.

¿Cómo fue su primer acercamiento a la guitarra?

Fue dentro de mi casa. En mi familia. Mi abuelo, que yo no conocí, tenía una guitarra que heredaron sus hijos y algunas veces estaba en casa de mi tío, otras venía a casa de mi padre, pero no tanto, porque quien tocaba mejor era mi tío…Pero de todas maneras una temporadita que estuvo por ahí mi padre intentó enseñarme algo, con 8 años creo que debió ser. No entré en ello…me pareció muy difícil hasta que pasaron unos cuantos años, debía tener como 12, que le volví a decir “¿y esa guitarra que está ahí en casa del tío? Me gustaría volver a probar algo con ella”. Y allí ya me enganché con ella y hasta ahora.

¿Cómo ve el futuro de la guitarra? ¿Qué terrenos cree que le quedan por explorar?

Yo quiero ser optimista. Y lo soy. Creo que tiene futuro. Y diré más. Aunque nos continúe pareciendo que no lo tenga y que todavía falta y tal…La guitarra es a veces como un caudal subterráneo. Ahí está. Nos quejamos de que no hay suficiente presencia o que no es suficientemente reconocida en sus calidades, pero estamos haciendo nuestro trabajo, estamos influyendo y hablo desde la guitarra clásica al devenir de lo que está aconteciendo en el mundo de la música. La guitarra ha hecho su trabajo y ha dado su influencia durante toda la historia de la música occidental.
Es difícil entenderlo así porque la historia de la música oficial digamos no nos acaba de tener en cuenta en eso, pero no es que no haya sucedido, es que no se cuenta porque, quizá, nos cuentan la historia desde otro ángulo. Quizá nosotros lo que tenemos que hacer es reivindicar nuestro lugar, nuestro protagonismo en eso y por ahí yo creo que nos podemos acabar de hermanar con ése mundo de la música clásica, que parece que a veces nos da un poco la espalda. Yo creo que sí van a llegar buenos tiempos. Esperemos.

De sus trabajos, destaca El Albaicín, con la primera grabación de una pieza de la “Iberia” de Albéniz a guitarra sola. ¿Qué ha significado para usted?

Adentrarme en la “Iberia” de Albéniz con una guitarra ha sido una de las experiencias más bonitas para mí y más emocionantes como transcriptor. Es una pasión que heredé de mi maestro José Tomás, que siempre fue inquieto en ese sentido de poner músicas nuevas o que no habían sonado en la guitarra. Intentarlo.
En el caso de Albéniz, es muy ambicioso quizá, pero Albéniz es muy agradecido para los guitarristas, para la guitarra. Parece que, por barroca y complicada que parezca esa “Iberia”, late siempre ahí en el fondo de esas resonancias armónicas del piano. Late una guitarra muy clara y, si la sabemos ver, hasta podemos despojar de ése envoltorio que parece que tiene que no es nada superficial, que es el lenguaje que creó Albéniz para el piano, pero se puede destilar hacia la guitarra, ‘esencializar’. Creo que, si se hace bien, la música de Albéniz resuena con nueva alegría. Con otra, diferente a la del piano. Para mi ha sido un momento muy bonito poder llegar.

Cuéntenos, por último, algún proyecto que tenga entre manos en estos momentos.

Como explicaba antes, he venido con una guitarra de Antonio de Torres, otra de Romanillos, y este verano tendré oportunidad de dar un pequeño recital con la guitarra de Antonio de Torres, que fue del maestro Emilio Pujol, que está en Lérida, y que es una guitarra maravillosa. Yo he tenido ocasión de tocar con ella. No públicamente, sino probarla un poquito después de 30 años que parecía que no se ponía a tono y ahí estaba ése sonido plateado que tiene ése instrumento.
Me han propuesto hacer un recital combinado con la que yo tengo la suerte de tener de Torres y la del maestro Pujol. Eso ocurrirá en Cervera para el 24-25 de julio dentro del festival del curso internacional de música que lleva el nombre de Emilio Pujol. Siempre hay alguna cosa por hacer.

CV

Nació en Lérida, donde empezó los estudios musicales con Jordi Montagut. En 1976 asistió al último curso de guitarra que impartió Emilio Pujol en Cervera. Estudió con José Tomás en el Conservatorio Superior de Música «Oscar Esplá» de Alicante y en la École Normale de Musique de Paris con Alberto Ponce.

A los dieciocho consiguió el Primer Premio del Concurso Permanente de Juventudes Musicales; a partir de entonces fue distinguido con numerosos premios internacionales, entre los que destacan el Premio Tárrega del Certamen Internacional Francisco Tárrega de Benicàssim, el Premio Especial del Jurado del Concurso Internacional de La Habana y el Primer Premio del V Concurso Internacional de Toronto.

Además de actuar regularmente por toda la geografía española, ha sido invitado a participar en los festivales de Música y Danza de Granada, Shell Darwin Guitar Festival, Festival de Radio France-Montpellier, Canadá, Austria, Rusia, Temporada Ibercamera de Barcelona, Festival de Cadaqués… y como solista ha colaborado con la Orquestra Simfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya, Orchestre Philarmonique de Montpellier, Orquesta de la Ópera de Lyon, English Chamber Orquestra, Orquesta Ciudad de Granada, bajo la batuta de directores como Josep Pons, Leopold Hager, Enrique García Asensio y Friedemann Layer. Dedicado desde muy joven a la enseñanza, Carles Trepat ha tenido el privilegio de colaborar como profesor asistente de José Tomás en los cursos de verano de Denia y Vila-seca a lo largo de más de diez años. Ha impartido cursos de perfeccionamiento invitado por los conservatorios de Zaragoza, La Coruña, Jaén, Alicante, Cartagena, Badajoz, cursos Ikasmúsica de Bilbao, Alkmaar (Holanda), Volos y Tesalónica (Grecia), Mikulov (República Checa) entre otros.

Su interés por la música popular le ha llevado a arreglar para guitarra las canciones del Maestro Quiroga y a colaborar con algunos de los mejores artistas flamencos del momento: Tomatito, Belén Maya, Israel Galván y Duquende.

Interpreta habitualmente con guitarras emblemáticas de algunos de los maestros más importantes: Antonio Torres, Santos Hernández y José L. Romanillos. Ha publicado varias piezas originales y transcripciones para guitarra y ha grabado varios CDs entre los que cabe citar los dedicados a Mompou y Quiroga, y el más reciente, El Albaicín.