ENTREVISTA A RICARDO GALLÉN. Abril 2018

“Tienes que ser honesto contigo mismo y, a través del instrumento que tengas, expresar todo eso que sientes”

 

Periodista: Eva Lahoz

Comenzó a tocar la guitarra cuando tenía cuatro años y desde entonces no se ha separado de ella. Para él es mucho más que un instrumento, es su manera de expresarse, de llegar a los demás.

En el fantástico palacio de Labradores 15, donde imparte clases dentro del Máster de Guitarra Clásica de Alicante, nos recibe, como no, con su instrumento en la mano. Hablamos largo y tendido de sus trabajos, sus maestros y sus fuentes de inspiración. De la enseñanza, la crítica y el público. Mientras, acaricia sin darse cuenta la guitarra que acaba de tocar para nosotros.

Amable y cercano, el profesor más joven del máster asegura que la vanidad en el mundo musical no tiene cabida. Hay que ser humilde y honesto con el público y con uno mismo, defiende.

P: “Inmensa creatividad y virtuosismo que se presiente con solo mirarle sus manos” Son palabras del gran maestro Leo Brouwer sobre usted. ¿Qué hay que hacer para cautivar a un genio como él?

Mi relación con Leo Brouwer es muy especial. Empezó hace muchísimos años, en 1998. Fue la primera vez que tuve la oportunidad de tocar para él. A partir de ahí tuvimos varios encuentros a lo largo de varios años, muy puntuales. En 2002 empecé a tener una relación más intensa. Gané el Concurso de la Habana, que él organizaba, y eso hizo que se estrecharan muchísimo más los lazos. Yo soy un gran amante de su música y hemos tenido amigos comunes. Uno de mis últimos profesores, Joaquín Clerch, fue alumno y amigo de él, y eso hizo un poco de puente.

Estos últimos años he tenido ocasión de ir varias veces a Cuba y de trabajar con él de forma muy intensa también aquí en Europa, y eso ha ido reforzando nuestra amistad y nuestra relación profesional. Yo soy una persona muy curiosa y constantemente le preguntaba cosas, y me interesaba por su música, no solo la de guitarra sino también para otros instrumentos, y eso ha ido reforzando mi conocimiento sobre su persona, sobre su música, y ha reforzado nuestra relación.

P: Incluso le dedicó la Sonata del Pensador. ¿Fue su estreno el mayor hito de su carrera?

Sí, para mí ha sido algo muy especial y muy importante. Que una persona como él, ese genio que es Leo Brouwer, sin yo pedirle nada, decida dedicarme una obra así, tan densa como es esa sonata, tan profunda… No tengo palabras para describir la felicidad que da eso. Tuve noticia de que me estaba componiendo esa sonata en el año 2012. Estábamos en Cuba, con unos amigos, en el festival que él organizaba. En una cena dijo algo así como “sí, porque los dos movimientos de tu sonata…”. Yo no sabía si estaba bromeando. En alguna ocasión me hizo algún comentario del tipo, “como te pongas tonto, te compongo algo”. Siempre juega un poco con ese doble sentido. Cuando dijo eso me quedé pensando pero no le hice especial caso porque pensé que estaba bromeando. Pero después en otra cena hizo el mismo comentario y ya le dije, “maestro, maestro, ¿me estás diciendo que estás componiendo una sonata para mí?” Y entonces su esposa, Isabel, me dijo, “ay, Ricardo, ¿no te lo hemos dicho?, el maestro está componiendo una sonata para ti”. Mi primera reacción fue el lagrimón. No me lo esperaba, para mí fue una cosa extraordinaria. Finalmente la obra adquirió una dimensión de cuatro movimientos. Para mí fue un orgullo cuando ya tuve toda la partitura.

P: En sus últimos trabajos ha tocado obras de Bach y de Fernando Sor, dos compositores muy diferentes. ¿Por qué ellos?

Bach es para mí Dios. Si Dios existe, se llama Bach. Para todos los músicos en general, Bach es una figura muy especial. Significa muchísimo. Desde que con 14 o 15 años empecé a tocar música de él, me enamoré locamente de esas sonoridades, de esas estructuras, de esa manera de conducir las voces, de ese contrapunto, etcétera. Con el tiempo fui tocando cada vez más cosas. Cuando vivía en Cáceres, un amigo me planteó grabar todas estas cosas, porque yo ya había empezado a tocar varias suites. Entonces me rondó la idea de grabarlo. Hice varios intentos, pero no estaba convencido. Sentía que no estaba en el momento de madurez que quería. No era ese momento el adecuado para grabar esa música.

Un día, viviendo ya en Weimar, en 2010, estaba con un amigo mío que toca jazz y clásica, Diego Barber. Estábamos juntos en casa, nos tomamos un vinito y me dijo, “oye, que hace mucho que no te oigo a Bach, tócalo”. Yo llevaba como un año sin tocarlo, porque tras cuatro años tocándolo estaba un poco saturado. No sé si sería el vino o el hecho de estar en Weimar. Habíamos estado en Eisenach, donde nació. Fuimos a Leipzig, donde murió, a la iglesia de Santo Tomás, donde está enterrado. Fue la mezcla de todo eso, la inspiración, estar en Alemania, en esos sitios tan emblemáticos, donde Bach vivió. Terminé de tocar y me dije: ahora es cuando tengo que grabarlo. Y me fui para Canadá a grabarlo.

El de Sor fue algo parecido, tocaba mucho a Sor pero no me había planteado hacer un programa. Me pidieron tocar en el Festival de Música Antigua de Úbeda, Baeza, y querían música de principios del siglo XIX, especialmente española. Varios alumnos míos estaban tocando Sor. Yo ya había tocado varias sonatas, pero no todas, e hice un programa combinado entre Sor y Aguado, básicamente. Ese fue el germen de ese programa de Sor. Otro amigo mío y exalumno, Gonzalo Noqué, que es el dueño y el ingeniero de la casa Eudora Records, tenía la idea de fundar una casa discográfica.  Como me conocía y sabía que yo tenía este programa, de ahí surgió la idea de grabar todas las sonatas de Fernando Sor. Solo existía una grabación, con instrumentos modernos, y yo usé una guitarra clásico romántica.

P; Usted compagina la labor creativa con la enseñanza. En los últimos años dando clases en la Franz Liszt de Weimar, entre varias colaboraciones, como la del Máster de Guitarra Clásica de Alicante. ¿Qué faceta le aporta más?

Las dos cosas. Algo que suele pasarnos a todos los maestros es que nos da pereza dar clase, porque claro, cuando tienes una vida de conciertos, o esa labor más creativa, lo que te encanta es tocar, agarrar la guitarra, ponerte a estudiar, aprender repertorio nuevo, salir al escenario y todo esto.

Pero yo llevo muchos años dando clase, y desde que empecé a hacerlo de forma muy intensiva, en el 2001 especialmente, he aprendido muchísimo, muchísimo de los alumnos. Gran parte del repertorio que tengo, desde esa época, lo he estudiado después de haberlo trabajado con los alumnos. Eso me ha abierto muchísimas vías de entendimiento de la pieza.

Cuando tú estás dando clase, evidentemente tienes que dar respuestas. No puedes hablar solo de tu instinto, que puede ser más o menos acertado, pero es algo que puede cambiar según cambia el viento. Yo creo que la enseñanza no tiene que ir por ahí. Puede ser un complemento bonito, el tener la intuición, pero el conocimiento tiene que estar por delante de todo eso, porque es lo que le vas a enseñar directamente al alumno, conocimientos, y luego el instinto ya pondrá él el suyo, no le voy a imponer yo el mío.

El hecho de dar clase a cualquier nivel, tanto a pequeños como a adultos, supone solucionar problemas de los alumnos, darles respuestas sobre las piezas. Respuestas que luego tú, cuando vas a estudiar esa pieza, ya las tienes porque lo has trabajado. Eso me ha facilitado muchísimo el entendimiento y el aprendizaje de todo lo que yo toco.

Considero que las dos cosas son complementarias. Por supuesto la vida artística, porque la necesitas para tener la experiencia de cómo se vive una situación de concierto, una preparación de un programa a un determinado nivel, y el contacto con otros grandes músicos. Pero luego la enseñanza para poner en práctica todo eso que has aprendido con los alumnos y a la vez recibir un feedback. A mí personalmente me ha aportado muchísimo.

P: ¿A cuál de sus maestros le debe usted más?

He tenido muchísimos maestros a lo largo de mi vida y no quiero ser injusto y no nombrar a determinadas personas sencillamente porque se me olviden. Voy a nombrar a mi último maestro, porque fue el último y el que más me influenció, pero desde el primero hasta el último todos han dejado una huella imborrable en mí, en mi manera de pensar, en mi manera de tocar. El último maestro que tuve fue Joaquín Clerch, con el que estudié en Austria y en Alemania y con el que me gradué.

Personas que me han influido a lo largo de mi carrera, muchísimas. No solo guitarristas, también pianistas o incluso pintores. Soy una persona que trato de aprender de todo. Y cuando veo algo que me pueda gustar o motivar, inmediatamente busco la relación con lo que yo hago, cómo puedo usar o aplicar eso.

P: Es su primer año como profesor del Máster de Guitarra Clásica de Alicante. ¿Qué aporta Gallén al programa?

Dentro de mi humilde capacidad, yo intento aportar una visión un tanto abierta de lo que es el instrumento. En todos estos años que llevo dando clase, veo que muchas veces parece como que existen escuelas. Yo no me considero que tenga una escuela específica, porque como te he comentado antes, trato de aprender de muchísima gente. He tenido profesores muy dispares, que no tienen nada que ver el uno con el otro, y no me parezco a ninguno de ellos, sencillamente porque he tratado de aprender de todos, y llevármelo a mi terreno, que es lo que muchas veces hacen los jazzeros, que aprenden la técnica de muchos músicos y luego tratan de hacer ese lenguaje propio y desarrollar su propio idioma, su propio fraseo.

Yo trato de hacerles ver a los chicos que no existe una sola forma de tocar y que cuanta más formación tengan pues mucho mejor para ellos, porque podrán desarrollar muchísimo más y mejor su criterio, su opinión y su desarrollo técnico musical.

P: ¿Qué opinión le merecen el máster y sus alumnos?

El máster de Alicante es excepcional, porque tiene la suerte y la ventaja de disponer de grandes maestros que vienen aquí y cada uno cuenta su estilo o su opinión. Y, claro, para los alumnos que vienen de fuera eso es maravilloso, porque es más difícil que pudieran ir a determinados cursos por ahí fuera y buscar a cada uno de estos maestros independientemente que venir aquí, en esta ciudad tan maravillosa con este clima, comida, gente, de todo, a una serie de maestros que están viniendo a tu casa a que te den clase durante una semana y contándote todos los secretos y los entresijos de nuestro mundo, de nuestra guitarra.

Me parece que es una iniciativa maravillosa y felicito a la organización y por supuesto a los alumnos, porque tienen una suerte increíble de estar aquí. Aparte del ambiente en el que están viviendo. Todos compartiendo el alojamiento, una vida intensa durante seis meses, las relaciones interpersonales que establecen, que no solo duran este tiempo en Alicante, eso perdura y es una de las experiencias más bonitas.

P: Es usted el profesor más joven que ha pasado por el máster. ¿Qué se siente al formar parte de un claustro tan prestigioso?

Me siento muy privilegiado de estar aquí, porque formar parte de un cartel en el que hay esas grandes figuras es una maravilla. Son un referente. Me acuerdo en una ocasión en que estuvimos en el Festival de Guitarra de Córdoba tuve la ocasión de conocer a Pat Metheny y asistir de oyente a una de sus clases. A través de la organización pude acceder para conocerle, porque para mí es un ídolo desde que era pequeño. Me acuerdo de que dijo una cosa que a mí me llamó muchísimo la atención: “Si eres el mejor de tu banda, abandónala, porque nunca vas a prosperar”, o sea, rodéate o codéate siempre con gente mejor que tú para que puedas aprender. Esa es la sensación que yo tengo aquí, estar, siendo el más joven, rodeado de todas estas figuras, para mí es un privilegio, porque yo aprendo de ellos y eso lo único que puede hacer es que yo mejore y que yo avance. Con lo cual mi agradecimiento es infinito.

P: Alicante ha estado siempre muy vinculada a la guitarra. ¿Qué tiene de especial dar clases aquí?

Durante una determinada época, quizá desde el fallecimiento de las grandes figuras, tipo González, tipo José Tomás, Segovia, Yepes, etcétera, toda esta bandada de grandes músicos, hubo un gran vacío en la guitarra en España. Y también tiene un poco su lógica, porque muchos extranjeros venían a España porque era el centro de la guitarra en todo el mundo. El que quería estudiar guitarra venía o aquí a Alicante o a Madrid. Fallecieron todas estas figuras y todos esos alumnos cuando ya se marcharon a sus países empezaron a crear sus propias escuelas. Y ya la gente no venía tanto aquí a España.

Iniciativas como esta del máster de Alicante lo que hacen es volver a traer a la gente y a crear el foco de la guitarra clásica española aquí, precisamente. Y esta es una zona donde ha tenido muchísima tradición y que ojalá a través del máster vuelva a recuperarse y vuelva a ser lo que fue, o incluso mejor.

P: ¿Y que le parece Alicante como ciudad?

Vengo y estoy todo el día trabajando, no tengo mucha opción de hacer turismo. Pero lo poco que conozco de Alicante me parece una ciudad maravillosa, con una cultura, una gente, un clima, una comida, no sé, el aire que se respira, tan abierto, tan mediterráneo, que es una maravilla. Y más yo viviendo en Alemania, que es un país maravilloso también pero el clima es muy distinto, la comida es muy distinta, la gente también, todo. Estar en España es un sentimiento muy especial.

P: Desde luego, le han acogido con los brazos abiertos. Su recital en el ADDA recibió magníficas críticas, ¿qué sensaciones le dio?

Sí, gracias a Dios. Yo creo que los músicos somos personas muy exigentes con nosotros mismos, porque pasamos muchas horas encerrados tratando de alcanzar una perfección que a priori sabemos que no existe, pero aún así nos empeñamos. Das el concierto y por muy bien que vaya tú sabes que hay cosas que podrías haber mejorado. Eso entra en contradicción con el aplauso de la gente, con el beneplácito de la gente cuando te dice qué bien has tocado, me ha encantado, me ha llegado mucho, o con esas críticas tan maravillosas.  Y dices, me quedo tranquilo, porque por lo menos el sentimiento personal ha sido positivo, pero yo no estoy contento, o todavía tengo que mejorar esto o tengo que superar esto. Es esa contradicción. Estoy contento por cómo ha salido todo, pero dentro de mí sé que podría haber salido mejor.

P: Los genios nunca están del todo satisfechos con su trabajo.

Para mí una de las cosas importantes, que además ya lo dijo el pianista Krystian Zimerman en una entrevista reciente, es que la vanidad en este mundo musical no tiene cabida, hay que ir con honestidad, hacer las cosas con honestidad y si lo haces así, llegarás. Puedes ser muy bueno, pero si vas con la nariz hasta el décimo piso, al final es fuego de artificio.

Para mí la música ha sido siempre un medio para expresarme y para poder llegar a la gente. Siempre lo digo, para mí el habla no es el medio más fácil para expresarme. Yo cojo la guitarra y aunque me equivoque, creo que con la manera que tengo de expresarme puedo decir más que con todas las palabras incluso cultas que pueda decir, porque no se me da tan bien el habla. Quizá esa es la honestidad de la que habla Zimerman. Tienes que ser honesto contigo mismo y, a través del instrumento que tengas, si es el habla, si es la música, expresar todo eso que sientes y llegar a la gente. Toda esa gente que viene de fuera a verte. Tienes que ser honesto y dar lo mejor de ti.

Es que la gente viene a verte y paga una entrada. Están perdiendo su tiempo para venir a verte. Eso hay que pagarlo de alguna manera. Tú eres artista, cobras por tu concierto, pero luego está la parte emocional, yo necesito hacerlo bien porque es lo que le debo a la gente.

Una chica japonesa que hizo el máster el año pasado y que vive en Chicago ha venido para pasar unos días y estar en contacto y también aprovechando que venía yo, porque me buscaba. No puedo decepcionarla, tengo que intentar hacerlo bien, porque si no, imagínate la decepción. Tú vas a un sitio esperando algo, te haces un viaje de 4000 kilómetros y la persona que está ahí le da igual, pasa de todo. Tu decepción es muy grande. Yo tengo que intentar dar lo mejor de mí. Si ese día tengo un mal día, de verdad, lo siento. Lo he intentado.

CV

Ricardo Gallén es un distinguido guitarrista con una floreciente carrera. Sus inspiradas e innovadoras interpretaciones lo sitúan como un músico de primera línea, al tiempo que su revolucionaria visión de la técnica guitarrística y de la enseñanza es la mejor prueba de su calidad.

“Inmensa creatividad y virtuosismo que se presiente con sólo mirarle sus manos” ha dicho el Maestro Leo Brouwer elevando a Ricardo Gallén a un nivel de maestría muy poco común.

Sus milagrosas habilidades le han permitido la posibilidad de llevar sus interpretaciones por todo el mundo en recitales a solo, en dúo o con orquestas, en importantes escenarios como el Royal Concertgebouw de Amsterdam, el Auditorio Nacional de Madrid, la Sala Tchaikovsky de Moscú, el Palau de la Música Catalana, La Sala Auer de la Indiana University o la Sibelius Accademy en Helsinki entre otros.

Ricardo Gallén ha estrenado en numerosas ocasiones obras de compositores de renombre y participado en varios proyectos bajo la dirección de importantes directores como Maximiano Valdés, En Shao, Juan José Mena, Monica Huggett, Leo Brouwer, Jordi Savall o Seirgiu Comisiona, destacando como un hito en su carrera el estreno de la Sonata del Pensador que el Maestro Leo Brouwer le dedicó.

Ganador de los más importantes galardones (Certámenes Francisco Tárrega, Andrés Segovia o Markneukirchen entre otros) ha impartido la docencia en varios lugares, teniendo el honor de ser uno de los catedráticos más jóvenes de la prestigiosa Universidad “Franz Liszt” en Weimar, Alemania, hasta el día de hoy.

Ricardo Gallén ha sido miembro de diversos jurados en numerosas competiciones de guitarra, así como profesor invitado en Master Classes con gran éxito.

Sus grabaciones, desde el primer álbum, han recibido críticas sensacionales. Sus últimos trabajos de la Obra completa para laúd de Bach así como las Sonatas para Guitarra de Fernando Sor han sido considerados ampliamente como obras maestras por parte de la prensa especializada:

Estamos en definitiva ante un Maestro del que Lope de Vega podría haber dicho “quien lo probó, lo sabe”.